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diumenge, 7 de novembre del 2021

ANIVERSARIO

Hace diez años que Daniel Pallejá i Blay dio a luz, en el más plausible sentido de la palabra, este blog. Es un cumpleaños significativo para los seguidores de la Semana Santa de Tarragona dado su importante cobertura y aportación. Una década es suficiente tiempo para aseverar, sin ningún atisbo de duda, que se trata de la mejor web dedicada a dicho acontecimiento, en formato, actualidad y permanencia. A su elevado nivel se le añade el hecho de ofrecer al exterior una fiel e impecable imagen para quienes la desconocen. Cualquier rastreo en la red puede confirmar esta afirmación. Además tiene la particularidad de responder a un criterio de independencia por su carácter generalista exenta de relación a organización o institución alguna. En el contexto de la Semana Santa se conjugan muchas verbos o actividades. Dirigir y organizar una cofradía, vestir una armadura, cargar, empujar, conducir, mantener un paso, tocar algún instrumento, coser, limpiar, adornar, rellenar, ordenar, presentar, comunicar, desfilar silenciosamente, … y construir un blog como este.    

En definitiva, estamos ante una clara muestra de iniciativa personal movida por la ilusión y la pasión, salvando condicionantes técnicos, logísticos, sacrificando una especial dedicación temporal. Es de justicia, resaltar estos méritos. Precisamente en una modalidad en donde, la perseverancia y la pervivencia en el tiempo, no suele ser habituales.

Para confirmar la excelente opinión de la web, basta con sumergirnos en su contenido. Mediante una consulta estaremos al corriente de noticias, novedades y acontecimientos de todo lo concerniente a nuestra Semana Santa. Conoceremos la historia de la misma junto a los orígenes y efemérides de cada una de las cofradías. Nos adentraremos en el detalle de los pasos tanto en la explicación de la escena representada como en el apartado artístico de autor, realización, estilo y forma de ser llevado. A ello se suma una atractiva referencia de las imágenes existentes antes del delirio iconoclasta de 1936. Tendremos amplia muestra de cartelería generada desde años anteriores a la contienda civil. Disfrutaremos de una atinada oferta de curiosas fotos y audiovisuales que nos acercan y retrotraen a diferentes momentos y épocas. Algunos de interesante contenido histórico e impronta sentimental. También se nos ofrece una sugerente selección de presentaciones para  bucear en el canal YouTube. Gozaremos de la novedad de escuchar los debates de temas polémicos de la actualidad semanasantera local emitidos en el podcast “Bandera negra i matraca” de Radio Ciutat. Los curiosos y estudiosos encontraran una significativa información documental, bibliográfica y de distintos enlaces web de entidades de ámbito local y resto de Catalunya. No falta la existencia de una ventana abierta a los artículos de opinión y comentarios  de distintos colaboradores. En definitiva, es una producción en donde se  conjuga  información, historia, cultura, debate y divulgación. A esta llamativa oferta se añade el hecho de haberse mantenido viva durante estos diez años sin el acostumbrado Guadiana de otras webs.

Precisamente, el blog es un excepcional medio para poner en valor la Semana Santa tarraconense, intentando prestigiarla y sacarla del segundo plano en la que se ve ubicada por razones un tanto incomprensibles. Parece estar al margen de la moda imperante actualmente. Hasta cierto punto es entendible dado que sus orígenes de religiosidad popular no entran en los parámetros de una fiesta de disfrute, de pasarlo bien como ocurre en otras celebraciones festivas. Pero tampoco es razonable relegar su indudable interés, olvidando los  siglos de existencia,  la presencia histórica en las diferentes vicisitudes de la ciudad, el enraizamiento dentro de la sociedad civil, la indudable huella cultural, el sedimento sentimental, costumbrista y tradicional, la valía patrimonial artística un tanto oculta y sus posibilidades de atractivo turístico no aprovechadas suficientemente, como ocurre en otros lugares. Siendo sinceros, será difícil encontrar semejante conglomerado de valores  en otras fiestas de mayor atención mediática e institucional.     

Por otra parte, el Covid 19 dejará heridas psicológicas, familiares, políticas, sociales y económicas. La Semana Santa, tampoco, quedará libre de rasguños que, dentro de unos meses, podremos calibrar de manera fehaciente. Dos años de ausencia procesional en las calles dejan rastro en el ánimo de las personas. Ahora tocará restañarlas a fin de superar aquello “de un antes y un después”. Esperamos que se  vayan mitigando dando paso a una revitalización lo más pronto posible. Sería alentador comprobar la existencia de una especie de  “hambre procesional”. Para ello, hará falta poner una buena dosis de voluntad, de esfuerzo individual y colectivo para restablecer las actividades vividas hasta 2019. Tampoco hay que despreciar la posibilidad y oportunidad de llevar a cabo nuevas iniciativas y replanteamientos, con tal de ser positivas y redunden en beneficio de una mejor celebración.

En la próxima etapa de retorno a las actividades públicas precisaremos de la  presencia de esta web para focalizar y divulgar la  importante labor de exaltación de nuestra Semana Santa a fin de repercutir en dos frentes.  Uno, motivando y moviendo el ámbito cofrade en sus diferentes aspectos de captación, presencia y organización.  Otro, de cara a la aletargada ciudadanía para reactivar los valores de esta celebración tarraconense de toda la vida. Exhortación que, seguramente, será compartida por muchas personas amantes de la misma sin dejar de lado que es una manera de promover el buen nombre de Tarragona.

Una vez más, Daniel, tu involucración será necesaria, aunque suponga una dosis de gratuito sacrificio personal, aplicando el conocido lema de “cultura del esfuerzo”. De momento, ¡enhorabuena!, por este simbólico cumpleaños. Seguiremos fieles a este blog. Es el mejor regalo que podemos ofrecerte quienes admiramos y reconocemos tu trabajo.

divendres, 21 de maig del 2021

ARRANQUE

La Semana Santa 2021 es historia. Ahora esperamos desafiar la de 2022 en unas circunstancias distintas a las actuales, confiando en el efecto vacunas y en la denominada inmunidad rebaño. El reanudar la marcha después de dos años sin salidas procesionales significa lo del título de la conocida película y canción, “volver empezar”. Es lógico pensar el cómo y en qué medida las cofradías afrontarán el hecho de reemprender lo interrumpido en 2019. El arranque, en un principio, tiene dos vertientes:

a) La Social. Desde la restricción pandémica las directivas de las cofradías han intentado permanecer vivas organizando puntuales eventos como opúsculos, viacrucis, conferencias, exposiciones, actos religiosos, realizados bajo las consiguientes limitaciones. Habrá que sospesar las consecuencias en el tejido social de las mismas, midiendo el mantenimiento o disminución del número de congregantes en el listado de cada una de ellas. En definitiva, comprobar cómo ha funcionado el efecto fidelidad.

b) Participativa. El principal objetivo de una cofradía es el acto procesional. Del mismo cuelgan diferentes aspectos. Uno de ellos y de cierta importancia será restablecer los equipos de portantes, primordialmente, de los pasos cargados a hombros. Los veteranos han acumulado a sus espaldas dos años más. Tocará echar el anzuelo para pescar nuevas incorporaciones. El tradicional caladero de las colles castelleras también han sufrido inacción. Queda la duda si esta renovación será fácil o habrá dificultades insoslayables. Posiblemente las bandas contarán con menos problema. De todas maneras, después de dos años de ayuno faltará demostrar el apetito semanasantero del personal, en líneas generales. 

La reentré de 2022 servirá para aflorar, una vez más, el debate del recorrido de la procesión del Santo Entierro. El Rambla sí, Rambla no. Antes de entrar en intentar deshacer este especie de nudo Gordiano, lo razonable sería preguntarse lo que sucede con esta importante procesión. Conocer los motivos por los cuáles, un determinado colectivo de espectadores y participantes la consideran demasiado larga y pesada. ¿Es una realidad la incapacidad de soportar algo menos de tres horas de desfile procesional? Cabe analizar, uno por uno, los distintos factores desmotivadores. Lentitud y largos parones, cansancio de los portantes, inapetencia, falta de ilusión o espíritu de sacrificio, entusiasmo decadente, aburrimiento, escaso aliciente, monótona variedad musical, cómoda televisión, desinterés ciudadano, horario inadecuado, excesivas procesiones previas, etc. Primero ver y procurar curar la herida antes de seccionar (recortar) la extremidad dañada. Quizás convendría realizar un ejercicio de imaginación para “enganchar”, de nuevo, a los asistentes entorno a nuestra más emblemática procesión. La inexistencia de consenso y unas alternativas un tanto complicadas, merece de un más largo y meditado artículo.  Tiempo habrá para ello.

Siguiendo con el repaso de aspectos a reconsiderar de cara al futuro tenemos el papel de las instituciones oficiales. ¿Es satisfactorio? Determinados detalles apuntan a la existencia de una cierta prevención a implicarse plenamente en la Semana Santa dando facilidades, apoyos, ayudas y promoción sin reservas. Hay dudas respecto a que el distanciamiento puede provenir de motivos ideológicos o políticos. Pero resultan inexplicables si observamos como en otros lugares donde figuran corporaciones de carácter más radical, se prodigan con entusiasmo y sin reparos, aunque se trate de un acontecimiento privado de origen religioso. No se pueden obviar sus raíces históricas, tradicionales, culturales, efectos económicos, turísticos y el buen nombre de Tarragona. Por lo tanto, no se la puede relegar a un nivel secundario. No se trata de la clásica fiesta surgida al aire de una determinada moda circunstancial o coyuntural.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la gran transversalidad social puesta de manifiesto en la intervención de todo tipo de personas desde abuel@s a niet@s, hombres y mujeres, del centro o del barrio más extremo, a nadie se le pide carnet de pertenencia alguna, solo sentimiento, generosidad y gratuidad personal.

Esta nueva etapa también podría servir para que la ASST se examinase a sí misma. ¿Realiza lo imprescindible o puede hacer algo más? ¿Cumple su objetivo? En su conexión con las diferentes instituciones civiles y eclesiásticas de la ciudad. En ahondar en la coordinación de las doce cofradías integrantes. En divulgar y promover los valores de nuestra Semana Santa externamente e internamente. En procurar prolongar el recorrido temporal de los habituales tres o cuatro meses de actividad del mundo cofrade tarraconense suscitando actividades religiosas, sociales, expositivas, lúdicas en el transcurso del resto de año. En fomentar las visitas de colectivos escolares, jubilados, amas de casa, organizaciones culturales, entrando en los circuitos turísticos para dar a conocer nuestro patrimonio artístico (pasos). En definitiva, aglutinar el común objetivo de remar todos en la misma dirección para mejorar nuestra Semana Santa.    

Finalmente queda el tema de situar y poner en valor nuestra Semana Santa.  Es cosa de todos. Evidentemente, no alcanza el alto nivel de las más conocidas y emblemáticas. Pero tampoco debemos olvidar o menospreciar sus atractivas peculiaridades, sus interesantes y variadas propuestas artísticas, culturales, religiosas y de un decorado urbanístico priveligiado. Por un lado conservando lo bueno, original y distintivo de la misma. Por otro, impulsando aquellas innovaciones que sean precisas para darle empuje y actualidad. Quizás nos falta un poco de convencimiento para saberla vender tanto internamente, como externamente. Sin situarnos en el extremo de la retórica frase, “la mejor Semana Santa de Catalunya”. Ni quedarnos en la conformidad del argumento de “haber tocado techo”. Ni un extremo, ni otro. Con esta nueva etapa, las Instituciones, Agrupación y cofradías tienen un importante reto.    

divendres, 26 de març del 2021

MOMENTOS

 

Sin procesiones, ni retumbar de tambores en las calles es oportuno recordar y revivir algunos pasajes emotivos de nuestra Semana Santa. Son conocidos y ampliamente divulgados los momentos especiales de otras poblaciones como Sevilla (Madrugá), Málaga (Legión), Cuenca (Turbas), Zamora (miserere), Valladolid (sermón 7 palabras), Murcia (Salzillos), Lorca (Desfiles bíblicos), Valencia (Desfile de Gloria), Crevillent (dianas), Aragón (Rompida), etc. Tarragona también los dispone abarcando tanto el ámbito del simple espectáculo como el de la religiosidad. Tenemos el denominador común de un incomparable escenario urbano-monumental puesto de manifiesto en diferentes instantes de la Semana Santa.  

Empezamos con el atardecer del Domingo de Ramos. Nos encontramos con el Via Crucis de la Sang, en su transcurrir por el Passeig Arqueològic. Pocos sitios cuentan con semejante entorno. Las piedras de las murallas forman un imponente y privilegiado decorado histórico dando escolta al sigiloso transcurrir de la imagen del Crist de la Sang, constituyendo extraordinario y único marco de postal. 

Nos trasladamos a la temprana mañana del Viernes Santo, después del sermó de la bufetada, con otro piadoso Via Crucis.  En esta ocasión de carácter sencillo, intimista, carente de expectación pública en donde prima la gravedad, el recogimiento y la devoción. El traslado del Sant Crist de la Sang desde la plaza del Rei, entre hileras de encapuchados, con el cando de miserere de fondo es el preludio de la entranda en la penumbra de la catedral iluminada solamente por los resplandores de las hachas dentro de una emotiva y fascinante atmosfera. Su transcurrir por las calles solitarias de la Part Alta desgranando las catorce estaciones de la Pasión de Cristo y la llegada a la citada plaza son la expresión de un particular fervor, reservada a quienes sienten un espíritu religioso por encima de otros aspectos. Hay que vivirlo.

La tarde del Viernes Santo nos aguarda diversos momentos emocionantes. Desde los acatamientos de armats hasta la subida de la Baixada de Pescateria. Estamos en la recollida de misteris, quizás, el acto de mayor atractivo para el público en general. A los forasteros les asombra e impacta, despertando el comedido entusiasmo de los espectadores.  Representa una especie de resumen o tráiler de la posterior procesión del Santo Entierro permitiendo una mayor visibilidad y estimación de los pasos en sus diferentes aspectos. Además existe el valor añadido de reconocer el meritorio esfuerzo de los portantes tanto de los pasos a hombros como de los empujados a ruedas. Llama la atención la particular utilización de ganxos, cosa poco o nada habitual en el mundo semansantero. A nadie deja indiferentes.  

El Sant Enterrament a la Baixada Pescateria | Arxiu Setmana Santa TGN 

Lo anterior invita a desarrollar la siguiente metáfora relacionada con la vida. El ascenso lento simbolizada un paulatino tránsito desde la adolescencia a la senectud, superando de manera sosegada y madura los distintos avatares de una existencia sin la impaciencia de alcanzar el esperado final. La rápida, es el intento de lograr el objetivo con ímpetu, sin reservas, enfocando el reto con decisión de culminar y controlar las dificultades con resolución, aunque este empeño represente acabar con el aliento al límite. Finalmente, la subida a ruedas requiere, de antemano, la solidaridad y ayuda ajena, pasando del inicial empuje juvenil a una paulatina modulación del esfuerzo con miras a concluir el trance con la necesaria y ajustada energía. La expectación y multitudinaria curiosidad de antaño, al entrar en la citada plaza, se ha visto mermada por las medidas de seguridad impuestas por las autoridades. Una pena.

Metidos en la procesión del Santo Entierro se pueden elegir diversos instantes y lugares. Uno de ellos es en el Passeig de Sant Antoni y el acceso a su portal barroco del S.XVIII. A la izquierda del transcurso de la procesión tenemos como testigo las impresionantes piedras ciclópeas y sillares de la muralla que soportan las fachadas traseras de viviendas en donde destacan sus amplios ventanales enrejados. Frente a ello se percibe el nítido reflejo de la luna llena en el espejo del mar.  El resonar de los tambores retumba en las paredes para luego disolverse en el aire mediterráneo. Pocos lugares gozan de esta inusitada combinación alrededor de un desfile procesional.

Situados en las calles y plazas colindantes a nuestra catedral esperamos escuchar el toque horario desde su campanario. Al oírlo nos envuelve una sensación de evasión mental, de escapar del cotidiano ajetreo y la ansiedad existencial de la vida actual como si nos trasladáramos a otros tiempos. Esta impresión se ve incrementada cuando el sonar coincide con el silencio de las bandas. Es una clara e inequívoca imagen de Tarragona digna de resaltar acrecentada al paso de la procesión.

Tenemos unos minutos de oro en la dificultosa travesía de los pasos por la Calle del Claustre.  Las maniobras de los portantes para encarrilar debidamente la estrechez de la misma son representativas de una casuística procesional muy particular de nuestra ciudad. No es fácil presenciarla en vivo y directo. Aunque se dispone de la retransmisión de TAC 12 de más de tres horas, sería interesante divulgar  un video con imágenes de como salva la situación cada uno de los misteris  resumido en menos de media hora. Lanzado en YouTube pondría poner en valor esta singular peripecia como una de las curiosidades destacadas de nuestra procesión del Santo Entierro. Una recóndita liturgia merecedora de mención.

El Sant Sopar al carrer del Claustre | Arxiu Setmana Santa TGN

La Baixada de Misericordia permite disponer de otro privilegiado lugar donde se pone a prueba la coordinación y trabajo en equipo de los portantes de pasos a hombros así como el buen hacer de las personas que conducen y frenan a los de ruedas. Momentos para contemplar entre admiración y una cierta dosis de morbosa expectativa. Siempre hay alguien esperando un determinado percance.

Medianoche en la plaza del Rei. Final de la procesión después de haber salvado por segunda vez la asunción a la Baixada de Pescateria. Antes se convertía en una diáspora de participantes. Desde hace unos años, se ha ido revalorizado mediante un acto sencillo, entrañable y de hondo simbolismo. El Sant Crist y la Soledat frente a frente en una especie de despedida. Además de los acostumbrados goigs se echa de menos la interpretación musical de una marcha procesional por parte de la banda de música. Por ejemplo, la dedicada a Tarragona.

En lo expuesto anteriormente no son importantes los valores artísticos o estéticos. Priman los aspectos emocionales y simbólicos rodeados de una pizca de romanticismo. Tampoco debe extrañar que las opiniones sean de carácter subjetivo al ser fruto de sentimientos un tanto personales. En Tarragona, quizás, pecamos de ser un poco reservados, guardadores de nuestras cualidades y parcos en dar notoriedad a estas peculiaridades. Ni las instituciones favorecen su propagación y publicidad tanto externa como doméstica. No se tiene la suficiente claridad de ideas acerca del contenido y lo que representa nuestra Semana Santa a nivel histórico, cultural, social, turístico-económico y de renombre para la ciudad. Por eso conviene poner de relieve, de vez en cuando, nuestras señas de identidad, resaltando sus MOMENTOS únicos y singulares. La Semana Santa de Tarragona, ¡existe!

divendres, 15 de gener del 2021

ESPERAR SIN DESESPERAR

 

ESPERAR SIN DESESPERAR

A menos de tres meses vista se puede aventurar otra Semana Santa casi en blanco. El Covid19 sigue presente en sucesivas oleadas y mutaciones. Con la esperada vacuna iniciando su largo recorrido, en abril, estaremos lejos de la llamada “inmunidad de rebaño”. Siendo realistas transitaremos de puntillas por la Semana Santa de 2021. Hay que pensar en un escenario de actos puntuales, selectivos o localizados, como recordatorio de una religiosidad popular.

Resignados, una vez más, surge la pregunta: ¿Qué puede ocurrir en 2022? Partiremos de estos cuatro supuestos perfectamente factibles. 1) En estas fechas una buena parte de la población habrá sido vacunada sin alcanzar la citada inmunidad total. 2) Los expertos pronostican que el virus continuará existiendo, pero mitigadas sus consecuencias. 3) Todavía no existirá el fármaco adecuado para contener el virus y 4) Subsistirá la necesidad de usar mascarillas, evitando aglomeraciones o concentraciones masivas. Con todo ello nos enfrentaremos a una Semana Santa 2022 un tanto light, diferente a lo vivido hasta 2019. Para confeccionar el guion de la previsible película de la Semana Santa 2022 conviene tener en cuenta los siguientes aspectos.

ESPECTADORES. Si las cosas no cambian demasiado es la parte más difícil de controlar. No depende exclusivamente de los organizadores. Primeramente, habrá que contar con la predisposición, opinión y coherencia de las administraciones públicas. Y en segundo lugar tenemos la incógnita del comportamiento y la responsabilidad individual de las personas. Atar todo ello es tarea ardua porque entran en juego intereses de todo tipo: políticos, económicos, sociológicos, turísticos y tradicionales. Contemplar los videos de procesiones de algunas famosas localidades resulta extraordinariamente revelador para darnos cuenta de que no es un plato de fácil condimento. Parece obvia la dificultad de cómo organizar toda aquella ensalada de público y asistentes. 

La procesión del Santo Entierro de Tarragona no se encuentra en esta tesitura de extremada y pasional expectación. La dispersión de espectadores por todo el recorrido es relativamente controlable y reconducible. La primera medida sería evitar las habituales concentraciones en lugares concretos como pl. de Palau, Pl. Catedral, Mercería, Baixada Misericordia, Pescateria. Luego vendría la redistribución en otros espacios amplios y abiertos como el paseo de Sant Antoní, pl. de la Font, La Rambla. Sin olvidar calles, actualmente, “desangeladas” de Sant Pau, Conde de Rius, Sant Agustí. Tarea de orientar, dirigir, reubicar al personal mediante una buena información. Dado el perfil de nuestro tipo de espectador, diferente a otros eventos festivos, estas medidas serían entendibles. El resto de procesiones quedarían supeditas en analizar cuáles son viables y de qué manera.

PASOS. Para 2022, con las actuales perspectivas, parece improbable verlos desfilar a costal o a hombros tipo Tarragona. Deberemos esperar hasta disponer de una fehaciente inmunidad. Por otra parte, existe la posibilidad de sacar los pasos de ruedas con portantes utilizando mascarillas o encapuchados. También el uso de andas. Todo ello ajustable a los requisitos o criterio de las autoridades componentes. No precisamente las de Málaga y otras semejantes. En otras partes, como Valladolid, no se observan demasiados inconvenientes.  Tampoco Orihuela y poblaciones con carrozas movidas a motor eléctrico o las simplemente empujadas por calles llanas.  

Tarda de Divendres Sant a la Plaça del Rei

En nuestra ciudad contamos con siete pasos a ruedas con posibilidades de salir si el listón marcado lo permite. Algunas imágenes emblemáticas y solitarias se podrían colocarse sobre andas de seis u ocho portantes o peanas a ruedas. En este supuesto entrarían la Soledat, el Sant Sepulcre, el Cristo del Buen Amor, el Jesús de la Oració a l´Hort, Vetlleu i Pregueu, Sant Sopar, Ecce Homo, etc.

LOGISTICA PROCESIONAL. Es relativamente menos difícil de compaginar. En general, las cofradías no ofrecerían inconvenientes para adaptarse a las exigencias de las autoridades. Hay ganas y necesidad de organizar algún tipo de procesión, aunque sea, bajo determinadas condiciones. Las medidas, seguramente, girarían entorno al número, control y separación de participantes, obligatoriedad de ir encapuchados o con mascarilla, músicos convenientemente distanciados, ordenación del recorrido o del número de procesiones, adaptar horarios, intervalos temporales, etc.   

COFRADIAS. Han pasado unos meses de conformismo e inoperancia. Ultimadamente aparecen signos de actividad e incipientes movimientos. Aspecto muy importante desde la vertiente humana y social. Dos años consecutivos sin Semana Santa significa un duro golpe a la afiliación y el ánimo de los seguidores. No es de extrañar que los responsables de las cofradías estén, actualmente, seriamente preocupados en evitar una deserción o disminución de la moral de sus congregantes. Alguien puso nombre a esta hipotética defección. Es la palabra, “desacostumbrarse” a un sentimiento, a una tradición, a una práctica, a una devoción, a una rutina de cada año.  Puede haber personas que a su cofradía o los actos de la Semana Santa la perciban como una cosa lejana, prescindible. Por esto la presente inquietud es la de llevar a cabo actos como una especie de recordatorio y memoria, evitar el olvido, manteniendo la llama de la ilusión. Por lo tanto la Semana Santa 2022 significaría un engrasar y poner de nuevo la maquinaria en marcha de cara a un futuro.

Es evidente que, con lo expuesto, el año 2023 debería constituir el de la definitiva RECUPERACION volviendo, paulatinamente, al sistema habitual. Pero, no nos engañemos, será preciso realizar un gran esfuerzo para RECOBRAR los distintos aspectos en que se sustenta una tradición de años: reincorporar la masa social, recomponer la economía, apoyos y ayudas, subvenciones, renovar directivas, además de poner en funcionamiento todo lo que gira o depende de la misma (portantes, componentes de bandas, acondicionamiento de pasos e imágenes, vestuario, enseres, …). Nos encontraremos ante un exigente “volver empezar”.     

La evolución sanitaria será clave. Aparecen diferentes opiniones de expertos de cara al futuro. Confiemos en los más optimistas. El Covid-19 nos habrá cambiado la vida a nivel personal, familiar, social, económico, laboral y quién sabe si también nuestras predilecciones, fundamentos o valores humanos, emergiendo nuevos parámetros psicológicos y sociológicos. En muchos lugares hubo otra travesía del desierto durante la pasada contienda civil, en otras dolorosas circunstancias y con una desgraciada destrucción del patrimonio de imágenes. Cosa no existente en la actualidad.  Acojámonos a este vaso medio lleno.     

Finalmente, un punto de reflexión. El tiempo deja huella en las personas. Tengo la intuición de que todo esto representará abrir una puerta a renovaciones en estructuras directivas de algunas cofradías. Quizás sea ocasión de confiar en la existencia de un relevo generacional, vulgarmente conocido como “introducir caras nuevas”. Necesariamente estas incorporaciones humanas tendrán la responsabilidad de emprender el camino de una reapertura y reconstrucción de la Semana Santa después de la pandemia. La tarea no es fácil pero tiene sus alicientes para llegar hacer historia. Han existido otros momentos de crisis desembocando en una inesperada revitalización y activación. Siendo positivos, es otra perspectiva con la que debemos contar. Solo nos queda desear que Dios nos acompañe por el páramo sentimental de dos años sin Semana Santa.


dijous, 18 de juny del 2020

¿QUE SEMANA SANTA NOS ESPERA?




¿QUE SEMANA SANTA NOS ESPERA?
Con el agua caída estos pasados meses parece que, en estos momentos, la tormenta haya escampado. Vana ilusión. Según parece, seguiremos sumidos en sustos, rebrotes, serias dudas sanitarias, bulos, órdenes y contraordenes e inseguridades de las administraciones, hasta que un día (sea lo más pronto posible) amanezcamos con una vacuna o fármaco salvador. Por lo tanto hablar del futuro inmediato de la Semana Santa es hacer volar libremente la imaginación. Puesto en esta tesitura se puede realizar un ejercicio de lucubración con cuatro posibles escenarios.

El primero, partiría del supuesto que, el actual, panorama del Covid-19 continuara más o menos igual, sin vacuna ni medicamentos aliviadores. Tras un verano de altibajos nos adentraríamos en un otoño e invierno de incertidumbres e inquietudes. Seguirían determinadas limitaciones. Con o sin niveles restrictivas. Transcurrido el periodo navideño, un tanto diferente, nos presentamos en el mes de enero de 2021 sin ideas claras de como celebrar la próxima Semana Santa. No hay ensayos de los portantes de pasos. Algunas bandas los realizan para no perder el tino. Las cofradías permanecen sumidas en dudas organizativas a la espera de nuevos acontecimientos. Al final, se tomaría la decisión de celebrar una Semana Santa “estática”. Sin movilidad, ni procesiones. Para matar el gusanillo, la máxima aspiración quedaría circunscrita al establecimiento de visitas controladas a los pasos situados en Sant Agustí, Natzaret, Sant Miquel, Sant Llorens y Sant Nicolau de Bari en Pau del Protectorat. Intento de lograr una autorización para efectuar un Viacrucis restringido por el interior o los alrededores de la Catedral. Todo ello bajo estrictas medidas precautorias. No se vislumbran otras posibilidades.

Segundo escenario. El Covid-19 estaría controlado sanitariamente, pero no en cuanto a su solución definitiva. No hay plena seguridad sobre su completa desaparición. Surgen puntuales y vigilados rebrotes internos y foráneos. Ensayos de las primeras vacunas sin evidencias o certezas en cuanto a su efecto inmediato a toda la población. Siguen las medidas precautorias y no se permiten realizar actos públicos multitudinarios, evitando aglomeraciones. Desgraciadamente los de índole religiosa suelen estar un poco más en el punto de mira. Otros de carácter populista y festivo quedarían en el ámbito de mayor permisividad. Imposible sacar los pasos a la calle. Los oficios de Jueves Santo al 50%. Se pediría autorización para realizar un viacrucis, el Viernes Santo, por la parta alta de la ciudad, desfilando con el personal convenientemente separado y cubiertas de capuz actuando de mascarilla. Solo participaría el Sant Crist de la Sang. Como cada autonomía tendrá su particular vara de medir, sería inevitable una mirada de reojo a lo permitido en otros lugares emblemáticos de Andalucía, Castilla-León, Murcia…. Surgirían los habituales agravios comparativos.

Tercer escenario. Control “casi” absoluto del coronavirus. Se confía en los efectos positivos de las vacunas experimentales, principalmente, en segmentos de población de riesgo. Como la profilaxis no ha llegado a la mayor parte de la población, siguen vigentes algunas medidas preventivas, evitando, principalmente, concentraciones de público. Recomendación responsable (no obligatoria) de utilizar mascarillas, lavado de manos, distancias. Cabría la posibilidad de celebrar la procesión del Sant Enterrament con pasos a ruedas. Veríamos por la calle a Vetlleu i pregueu, La flagel·lació, El Cirineu, Jesús és despullat, Crist de la Humiliació, Sant Crist de la Sang, Descendiment de la creu y Retorn del Calvari. Sus portantes convenientemente cubiertos ofrecen un cierto margen de seguridad. Cosa impensable en los llevados a hombros. Las típicas colas de nuestras vestas constituirían un buen elemento de guardar distancias junto al requisito ir todos cubiertos. Realizando determinadas gestiones sería factible sacar peanas dotadas de ruedas para las imágenes solitarias emblemáticas como el Sant Sepulcre y la Soledat (conseguidas en alguna parroquia o población cercana). No dejaría de constituir un momento emocionante para muchas personas. El fin de una pesadilla y un principio de un sueño.

Cuarto escenario. Desaparición total del Covid-19. No hay riesgos superiores a la clásica gripe. Contamos con una vacuna eficaz y se aplican medicinas curativas. Poco factible para 2021. Más previsible para 2022. Llegará el crucial momento de reanudar el normal desenvolvimiento de la Semana Santa. Aparecen dos alternativas. Seguir por la senda anterior a la pandemia o aprovechar las circunstancias para realizar algunos cambios. Faltaría saber: ¿de qué tipo y en qué sentido? Seguramente asomará el debate sobre el recorte de recorrido.
Las cofradías se verán en la necesidad de recomponer su ámbito social. Dos años de ausencias pueden acarrear efectos contrapuestos. Uno, pesaría el espectro del abandono, el desánimo, la apatía. Otro, el de la revitalización con el resurgimiento de renovados estímulos con ansias de emprender una nueva etapa.
No deberíamos olvidar que el Covid-19 marcaría, en las personas, huellas psicológicas y morales, junto a problemáticas económicas y familiares. Hay quien opina de la existencia de un antes y después en el funcionamiento de la sociedad, en general. Admitiendo este supuesto, la Semana Santa, también, sufrirá consecuencias colaterales como otros acontecimientos y ámbitos tanto locales como globales. 
Una cosa es evidente. La grave crisis de la Guerra Civil, acarreó un desastre patrimonial de envergadura. En esta ocasión los pasos no habrán sufrido cambios sustanciales. Quizás el parón sirva para algunos necesarios retoques.   
Las cofradías, posiblemente, también sufrirán determinadas consecuencias económicas. Incógnita en cuanto a las subvenciones oficiales. Aquí hará falta que nuestras instituciones sean conscientes de la importancia y valor de la Semana Santa tanto en aspecto cultural, histórico, tradicional como de atracción turística. No es fruto de una improvisación, moda o como se dice vulgarmente de “cuatro días de existencia”. Por otra parte habría que recabar en las donaciones particulares, bastante habituales en otros lares.
Otro tema a considerar será el de los pasos llevados a hombros. Antes de la pandemia, determinadas cofradías, empezaban a detectar algún problema para encontrar recambio para los portantes de toda la vida. Después de, prácticamente, dos años de inactividad aparecerá la necesidad de reagrupar los correspondientes equipos. ¿Funcionará el plan “renove”? ¿Será fácil? ¿Estará el personal suficientemente motivado para ello?
No habrá que despreciar el aspecto sociológico entroncado al psicológico. La pronosticada crisis económica puede favorecer un cambio o replanteamiento de los valores del personal. Quizás decaiga la costumbre de viajar y buscar otros lugares de ocio, volviendo al disfrute de los propios recursos hogareños o familiares. Puede concurrir el supuesto de que los habitantes de Tarragona se queden en sus domicilios y los de la vecina Barcelona no se alejen demasiado de su gran urbe, albergando la tentación de conocer las tradiciones y la monumentalidad de una ciudad cercana como la nuestra. Siempre han existido dudas sobre el conocimiento y el acercamiento de los barceloneses hacía Tarragona. Ni tampoco, nosotros, hemos sabido darnos a conocer con demasiado acierto. Pero esto, es otra historia.
Para cerrar esta especie de viaje al futuro solo queda recordar aquellos que nos han dejado de manera prematura, inesperada, impotente, dolorosa y solitaria. Ni tampoco olvidarnos de quienes, por edad u otras circunstancias, se enfrentan a un incierto camino. Que el rememorar la Pasión de Cristo dentro de los tradicionales actos de la Semana Santa sirva de recuerdo, refuerzo, aliciente, sosiego, paz, para el espíritu y el cuerpo.

dilluns, 27 d’abril del 2020

UNA SEMANA SANTA DE SOFÁ Y TELE



UNA SEMANA SANTA DE SOFÁ Y TELE

Esta pasada Semana Santa ha sido especial. Nos ha permitido disfrutar de otras sensaciones nada habituales en años anteriores. Las diferentes televisiones autonómicas nos han ofrecido procesiones, en diferido, del año 2019. La espectacular “madrugá” sevillana con las sensibles levantás, las vistosas chicotás, las emocionantes salidas y entradas a templos, en medio de un apasionado gentío abarrotando las calles. El canto legionario acompañando el impresionante trono del Cristo de la Buena Muerte malagueño con más de 250 portantes (¿de dónde salen?). El entrañable abuelo (Nazareno) de Jaén, en medio del fervor y las saetas del público. La procesión de mujeres vestidas de negro y con mantilla de Badajoz. Cáceres con una mezcla de pasos llevados a costal y varales, algunos, cargados por cuadrillas de mujeres y chavales muy jóvenes. La esplendida imaginería vallisoletana de Gregorio Fernández y su escuela, autentico museo andante en medio de un sobrio desfile. Los bombos de Zaragoza haciendo frente a la noche lluviosa con el Pilar de fondo. La desconocida sencillez y sobriedad pueblerina de un ventoso Alcañiz. Los sencillos y expresivos motetes cantados por coros de fieles de Crevillent. El lanzamiento de papelitos llenos de aleluyas de Torrent, la única población de la Península con una reina de la Semana Santa. Las peripecias de unos portadores de pasos bajando por las escaleras desde lo alto del barrio de Santa Cruz de Alicant, atiborradas de un vehemente público. El trabajo artesanal de primorosas palmas de Elx. Las bellísimas tallas de los salzillos de Murcia, llevados de manera titubeante por los estantes con vestimentas tradicionales y nazarenos de capirotes romos con barrigas rellenas de caramelos. El estremecedor rito medieval de los empalaos de Valverde de la Sierra con seis metros de soga amarrando su torso. Todo ello hubiera sido imposible de estar presente, como es costumbre, en Tarragona.

Este batiburrillo de procesiones contempladas relajadamente en el sofá me ha permitido, sin darme cuenta, volar mentalmente a Tarragona, sirviendo de propiciatoria ocasión para elucubrar las siguientes conclusiones respecto a nuestra Semana Santa:

Que, sin demasiados alardes y opulencias, nuestra procesión del Santo Entierro es seria, digna y bastante atrayente. Tiene la ventaja de ofrecer una correlativa descripción de la Pasión de Cristo. Es como asistir a un especie de viacrucis en movimiento. Contrasta con la repetitiva iconografía de cristos y vírgenes de otras partes. Los sucesivos pasos van discurriendo con relativa frecuencia sin largas esperas. Factor a considerar y saber apreciar.

Que nuestro acervo artístico tiene un múltiple interés. Contamos con un grupo de pasos de corte estético clásico y de acertado acabado. Otro grupo lo forman aquellos pasos con una tipología singular o de formato y de peculiar estilo. Y un tercer conjunto de evidente nivel artístico inferior a los anteriores. No hace falta enumerarlos porque los tarraconenses, sin demasiada dificultad, los tiene perfectamente enmarcados en cada uno de los citados grupos. Lógicamente no disponemos de las históricas y poderosos obras barrocas andaluzas, castellanas, los salzillos, los benlliures, ni de los potentes trabajos de los actuales imagineros sobresalientes en espectro semansantero. Aceptando las citadas diferencias, nuestro conjunto, se puede catalogar de correcto sin desentonar.

Que la manera de llevar nuestros pasos a hombros mediante ganchos es singular, casi me atrevo a considerar como única (quizás exista en algún otro lugar, que desconozco). Tiene su mérito siendo todavía más destacable cuando transcurren por calles de la parte alta. No quiero entrar en la polémica si el andar o balanceo de un paso es mejor a el de otro. Cada uno podemos tener una opinión respecto a sus peculiaridades y preferencias. Pero disponemos de una originalidad vistosa y atrayente a la cual debemos otorgar su mérito, importancia y consideración.

Que las tres horas de duración de nuestra procesión del Santo Entierro no son tan excesivas como se nos quiere dar a entender. Esta dentro de lo más o menos normal. No es cuestión de comparar con las seis, ocho, diez horas de algunas salidas andaluzas. Aquello es otro mundo. Además disponen de recambio de cuadrillas de costaleros. Quizás, se puede pensar que ellos disponen de una “afición” (perdón por el argot futbolístico) dispuesto a soportarlo todo.

Que, en algunos casos, abusamos del acompañamiento musical de excesiva contundencia percutida. Hay pasos merecedores de un acompañamiento más suave y melódico. Se podría subsanar con una transformación al estilo agrupación musical o pequeñas bandas de música de instrumentación autóctona.

Que visto lo visto, en Tarragona, se echa de menos, un poco más de calor y pasión alrededor de nuestros actos procesionales. En un determinado momento vemos la entrega emocional del público (subida de pasos a la plaza del Rey) pero en el recorrido de la procesión del Santo Entierro se detecta una cierta frialdad. Ello no quiere dar a entender que debemos ir cantando saetas por esquinas o desde los balcones. No es lo nuestro, ni falta nos hace. Pero la seriedad no debe estar reñida con una cierta dosis de “afición” nombrada más arriba que se puede resumir en mayor cantidad de público en las aceras y rincones privilegiados, las sillas ocupadas, los vecinos “peleándose” en colocar las suyas. En fin, un poco más de entusiasmo y expectación. Es nuestra manera de ser y no se puede cambiar fácilmente. Quizás, en el fondo, es consecuencia de una infravaloración social e institucional de nuestra Semana Santa. No la sabemos apreciar ni poner en el sitio adecuado dentro del patrimonio cultural, tradicional y religiosidad popular de nuestra ciudad.

De todas formas después de esta pandemia nos enfrentaremos a una realidad distinta a nivel general y en concreto de la Semana Santa. No sabría catalogar si de futuro incierto o de reconversión. De no aparecer una vacuna a corto plazo (año 2021) nos enfrentaremos a una Semana Santa distinta. Con posterioridad, según evolucionen los fármacos, espero la existencia de una revitalización producto de un cambio de prioridades de la sociedad. Algo parecido a lo ocurrido a finales del pasado siglo. Es previsible un reajuste en las prioridades y valores impuestos por los condicionantes económicos disminuyendo las necesidades de viajes, vacaciones, ocio, el salir a cualquier precio de la ciudad. Quizás se reaviven valores de siempre como la tradición o encuentros familiares, una reactivación de la religiosidad popular, las creencias no hedonistas. Algo parecido a lo ocurrido a finales del pasado siglo. Amén.


divendres, 3 d’abril del 2020

SEMANA SANTA CONFINADA...



SEMANA SANTA CONFINADA…
…Pero viva en nuestros corazones. Después de hablar de la procesión del Santo Entierro y de las cofradías, ahora toca comentar algo sobre los actos de nuestra Semana Santa. Disponemos de un denso programa. Otra cosa es su interés y repercusión en el entorno social de la ciudad. Se pueden clasificar en: a) Procesiones, b) Presentaciones, c) Religiosidad popular, d) Certámenes i e) Culturales.

a) Procesiones
La del Santo Entierro sigue siendo emblemática aunque, últimamente, está en el candelero por dos cuestiones: 1) Ha perdido expectación. 2) Se debate una reducción de su recorrido soslayando la Rambla. Tema comentado en artículo precedente. Ocasiones habrá para seguir debatiéndolo.

Desde finales del pasado siglo los tradicionales viacrucis callejeros de las cofradías se convirtieron en procesiones con participación de pasos. Se mantienen con atisbos de una cierta tendencia decadente en alguna de ellas.

Breves impresiones a vuela pluma. La del Serrallo está destinada a sus raíces y al público del barrio, pero desubicada en el calendario. A la de Viernes de Pasión le sobra el paso del Santo Sepulcro al ser, precisamente, la celebración de la Virgen de los Dolores. El Santo Sepulcro no encaja y menos cuando todavía nos encontramos a las puertas de la Semana Santa. El Sábado de Pasión es una procesión distinta dadas sus peculiares características, aparte de significar un esfuerzo para captar expectación y afianzarse en el contexto de la parte baja de la ciudad. La de Domingo Ramos peca de un horario inadecuado. Lo natural y lógico sería salir por la mañana desde Sant Joan hasta Les Coques (recogiendo las familias y niños con palmas), regresando a Sant Agustí después del oficio de la Catedral. La de Lunes Santo da la sensación de estar buscando una identidad sin acabar de cuajar. Martes Santo es una procesión con solera, pero arrastra las consecuencias de los problemas internos de la cofradía. Miércoles Santo conserva una aceptable expectación y únicamente le sobra el doble recorrido por la parte lateral de la Rambla. El personal la acoge como un tráiler o resumen del Viernes Santo. La del Sábado Santo adecuada a la función a la cual está destinada. Ganaría bastante con un acompañamiento de Banda de Música.

La recogida de pasos se ha convertido en un acto estrella del Viernes Santo. Juegan a su favor aspectos de horario, plasticidad, recorrido y emotividad. En un par de horas se contemplan casi todos los pasos.  
En definitiva, disponemos de suficientes procesiones para contentar al espectador semanasantero sin demasiadas exigencias. Otra cosa es si cubren las expectativas y son pertinentes. Cabe preguntarnos: ¿Tarragona da para tanto? ¿No estamos “matando” un poco a la principal procesión del Santo Entierro? ¿Sería conveniente una concentración dentro de los días de la Semana Santa? ¿Y en Jueves Santo?

b) Presentaciones
Las presentaciones de opúsculos se han convertido en un acontecimiento en donde concurre un aspecto doméstico dirigido al cofrade o a los interesados en el citado librito y otro social que, en algunos casos, parece un evento de índole mediático con la presencia de personajes públicos o políticos. Huele un poco a otras épocas del nacionalcatolicismo. Deberían tener un carácter más particular e introspectivo dirigido al cofrade y realizado por personas con sentimiento y relación con la Semana Santa.  En ocasiones, hemos visto pasar personajes sin arraigo o vinculación alguna con la entidad organizadora o con nuestra Semana Santa, i alguno, con dudoso comportamiento o principios de creyente.

Preocupa el hecho de pensar si las cofradías dedican demasiados recursos y tiempo en ellos en detrimento de otras cuestiones más prioritarias.

c) Religiosidad popular
Contamos con una buena muestra en los Viacrucis de la tarde del Domingo de Ramos, la noche de Jueves Santo con la ascensión al Llorito y el del Sermó de la Passió de la madrugada de Viernes Santo.  Son manifestaciones en donde prevalece la tradición, la devoción y creencia de los participantes. No hay espectáculo ya que impera la sencillez y la intimidad. Sin datos fehacientes, la impresión es la de que se mantienen dentro de una aceptable participación, cosa meritoria, en los tiempos actuales.

Por otra parte se programan conferencias cuaresmales cuya presencia está en consonancia con el contexto de la práctica religiosa en Catalunya.

Un acto nada multitudinario pero con un cierto poso de reflexión y meditación es el sermón de las “siete palabras” de la ermita de Sant Magi. Como carece de interés mediático, cuenta con una presencia minoritaria.

Quedan los actos litúrgicos de los templos y los oficios de la Catedral cuya asistencia ha dejado de ser la de antaño.  Quizás, en consonancia con la laicidad reinante en los presentes momentos.

d) Certámenes
Los certámenes o encuentros de bandas pueden considerarse como un intento de aglutinar o captar la expectación hacia una concreta corriente musical de nuestra Semana Santa. También de fomentar y recoger la afición juvenil hacia este tipo de formaciones. En ocasiones la presencia de diferentes agrupaciones semanasanteras pone en evidencia la dispar diferencia entre unas y otras. Su finalidad es loable pero sería conveniente realizar un esfuerzo orientado a que nuestras formaciones se ampliaran a una instrumentación más autóctona sin tanto bombo propio de otros lugares.  

e) Culturales
Lo primero a considerar es el hecho de exponer permanentemente el valor patrimonial de nuestros pasos. En estos momentos los tenemos situados y montados en unos determinados lugares físicos, significando un gran avance respeto a los almacenamientos de antaño. No están en un museo propiamente dicho pero son factibles de contemplar y apreciar. Pero se echan de menos medidas orientadas a poner de manifiesto su importancia dentro de la Cuaresma y en el resto del año. Habría que fomentar y organizar circuitos en donde se explicarán sus características particulares y estéticas (autor, tipología de la obra, formato, historia de sus origines y realización, como es llevado, etc.). Tanto de cara al consumidor del exterior como interior. Preocupa un tanto el desconocimiento de las nuevas generaciones respeto a conocer lo que representa la escena de un paso tanto en el aspecto de cultura religiosa como artística.

Finalmente solo queda, en esta Semana Santa tan especial, recordar el viacrucis desarrollado diariamente en los hospitales, protagonizado por enfermos y cuidadores sanitarios extensibles a todas aquellas personas que con su trabajo nos permiten permanecer en nuestras casas atendiendo nuestras necesidades básicas. Una oración de fuerza, ánimo y agradecimiento para todos ellos extensible para todas aquellas personas que, soledad, sufren los actuales acontecimientos.

dilluns, 23 de març del 2020

SIGAMOS HABLANDO DE NUESTRA SEMANA SANTA




SIGAMOS HABLANDO DE NUESTRA SEMANA SANTA

Este año no vamos a tener procesiones. Nos haremos la idea que ha llovido todos los días. Pero sí podemos seguir hablando de ella reflexionando con una perspectiva serena, sin derrotismo y con ánimo constructivo.

Existe la sensación de que en Tarragona estamos atravesando un momento delicado. De la euforia de los años 80, 90 y principios de este siglo hemos pasado a un cierto pesimismo. Se vislumbran ciertas dificultades y algún nubarrón de cara al futuro. Y esto contrasta un tanto con lo sucedido en otros lugares en donde existe una efervescencia semanasantera.

En mi anterior colaboración escribí acerca de la procesión del Santo Entierro. Ahora toca el turno departir acerca de las COFRADIAS partiendo de la base que constituyen el corazón de la Semana Santa y su palpitar marca el ritmo de la misma.

Los orígenes de algunas son de carácter gremial o profesional como Marejans, Pescadors, Pagesos o colegial como La Salle. Las dos primeras representaban un sentimiento de barrio (Serrallo). La tercera, en cierta medida, también centrada en la parte alta. En estos momentos, todo ello ha perdido relevancia. Prevalece un ámbito sociológico de perfil transversal. Pero, tenemos una peculiaridad. Muchos integrantes proceden de familias asentadas en el casco de la ciudad anterior a la explosión urbanística y crecimiento de los barrios periféricos. Los denominados “tarragonins de sempre”, Las cofradías, en líneas generales, están ausentes en estos nuevos barrios. El Cristo del Buen Amor se puede considerar una excepción a lo expuesto anteriormente por su especial origen sociológico.

Aquí tenemos nuestra asignatura pendiente y una tarea a realizar. La de conseguir una mayor integración de la sociedad tarraconense tanto en participación como en la manera de vivir y sentir nuestra Semana Santa. En definitiva, apertura a todos los posibles segmentos de la sociedad buscando una implicación en dos direcciones: social e institucional. La tarea no es fácil. Cuestión de imaginación, copiando lo de otras partes, trabajando y poniendo en marcha cualquier tipo de actividades de captación a nivel personal, apoyo de presa, redes sociales y comunicación.

También realizar algún pequeño detalle sentimental. En otras ocasiones he propuesto dar importancia a la entrada de congregantes en la cofradía mediante un acto de imposición de medallas. Esto es dar apego y relevancia personalizada.

Las cofradías tienen una directiva con sus correspondientes cargos soportando la mayor parte del peso y trabajo de la misma. Y unos pocos congregantes de toda la vida cargando con determinados trabajos y responsabilidades. Algunas de ellas muestran un marcado perfil presidencialista en donde el devenir de la cofradía gira alrededor de una persona. Dos supuestos: a) Cuesta dejar las riendas por apego al sillón, como se dice vulgarmente, por cuestión de protagonismo. b) Se justifica por una falta de relevo generacional pensando en que la gente no se quiere involucrar por los sacrificios y obligaciones.  

Últimamente se han dado movimientos de incorporación de juventud. Con algunas reticencias y miedos por parte de congregantes de los denominados de “siempre”. Hay dudas si son capaces de gestionar dentro de unos cauces establecidos y con el espíritu de sacrificio suficiente para llevar adelante su misión. También influye el aspecto de una exigente dedicación que no siempre está en la disponibilidad de todos. Por esto las personas mayores tienen más posibilidades, hoy en día, por la proliferación de jubilaciones anticipadas.

Pero, aparecen “cositas” que no deberían existir. Suelen aparecer, dentro de la cofradía, colectivos actuando al margen de la directiva con criterios propios y determinadas divisiones o bandos perjudicando la unidad y marcha de la entidad. No es el camino adecuado.

La asignatura pendiente en este apartado es la de arriesgar, renovar, confiar, olvidar cuentas pendientes, personalismos y abrir barreras psicológicas internas y externas. No queda otro remedio si queremos seguir adelante.

LA AGRUPACIÓN DE ASOCIACIONES DE SEMANA SANTA DE TARRAGONA
El objetivo de esta Asociación sería conseguir enaltecer y mejorar la Semana Santa tarraconense. Sus principales objetivos son de promoción, coordinación, representación, unificación de criterios, mutuo apoyo y aglutinar esfuerzos. Tengo dudas si todo ello se consigue. Se realizan cosas pero haciendo un símil futbolístico, da la sensación de ser un equipo un tanto individualista. Cada jugador va a lo suyo. No hay juego de conjunto.

La función de promoción queda un tanto difuminada por la carencia de medios o iniciativas propias e institucionales. Quizás una mayor dedicación a relaciones externas, públicas o de marketing mediante un asesoramiento profesional. ¿Un relaciones públicas? Tenemos un notable déficit en vender adecuadamente los valores de nuestra Semana Santa. Por otra parte, instituciones como Ayuntamiento, debe involucrarse sin reticencias ya que estamos ante un acontecimiento en donde se juega la imagen de la ciudad.

Aparte de la agenda de actos se podría realizar una labor conjunta en otros sentidos. Uno de ellos consistiría en organizar una sección dedicada a los portantes con la misión de captación, formación, preparación física, prácticas técnicas, prevención de lesiones y motivación dando visibilidad externa a su labor.

Tampoco estaría mal la de configurar y fomentar una participación social poniendo en marcha operaciones sociales y humanitarias. Por ejemplo, "operación 2 €" a la salida de la procesión destinada a Cáritas, una recogida colectiva (ahora a cargo de unas cofradías) de alimentos navideña, la presencia en centros asistenciales...

El aspecto económico es una difícil papeleta en las actuales circunstancias. Se hacen milagros para ajustar los ingresos y gastos. Y más en una sociedad como la nuestra en donde no existe la costumbre de contar con potentes mecenas que se hacen cargo del déficit, ni donativos o donaciones extraordinarias a las cofradías. Cuesta conseguir patrocinadores y colaboradores de índole empresarial, comercial o institucional. En cambio juega un importante papel la colaboración desinteresada de congregantes en distintas labores de cuidado de pasos, iluminación, vestidos, limpieza, preparación, etc.

Ante estos precarios recursos es conveniente marcar prioridades: 1) Cuidado y mantenimiento de los pasos. 2) Dar esplendor a la participación en la procesión del Santo Entierro. 3) La creación de formaciones musicales con diferentes instrumentos (no solamente de percusión).

En lo concerniente a cuotas estamos, por lo que conozco, a un nivel inferior a otras partes en donde, con independencia de las loterías y sorteos extras, suelen existir derramas extraordinarias de vez en cuando.
 
Hasta aquí mi personal visión de las cosas. Quedan palos por tocar. Habrá tiempo para ello. Mediante este blog iré desgranado opiniones desde una perspectiva lejana, no exenta de pasión hacia nuestra querida Semana Santa.