divendres, 21 de maig de 2021

ARRANQUE

La Semana Santa 2021 es historia. Ahora esperamos desafiar la de 2022 en unas circunstancias distintas a las actuales, confiando en el efecto vacunas y en la denominada inmunidad rebaño. El reanudar la marcha después de dos años sin salidas procesionales significa lo del título de la conocida película y canción, “volver empezar”. Es lógico pensar el cómo y en qué medida las cofradías afrontarán el hecho de reemprender lo interrumpido en 2019. El arranque, en un principio, tiene dos vertientes:

a) La Social. Desde la restricción pandémica las directivas de las cofradías han intentado permanecer vivas organizando puntuales eventos como opúsculos, viacrucis, conferencias, exposiciones, actos religiosos, realizados bajo las consiguientes limitaciones. Habrá que sospesar las consecuencias en el tejido social de las mismas, midiendo el mantenimiento o disminución del número de congregantes en el listado de cada una de ellas. En definitiva, comprobar cómo ha funcionado el efecto fidelidad.

b) Participativa. El principal objetivo de una cofradía es el acto procesional. Del mismo cuelgan diferentes aspectos. Uno de ellos y de cierta importancia será restablecer los equipos de portantes, primordialmente, de los pasos cargados a hombros. Los veteranos han acumulado a sus espaldas dos años más. Tocará echar el anzuelo para pescar nuevas incorporaciones. El tradicional caladero de las colles castelleras también han sufrido inacción. Queda la duda si esta renovación será fácil o habrá dificultades insoslayables. Posiblemente las bandas contarán con menos problema. De todas maneras, después de dos años de ayuno faltará demostrar el apetito semanasantero del personal, en líneas generales. 

La reentré de 2022 servirá para aflorar, una vez más, el debate del recorrido de la procesión del Santo Entierro. El Rambla sí, Rambla no. Antes de entrar en intentar deshacer este especie de nudo Gordiano, lo razonable sería preguntarse lo que sucede con esta importante procesión. Conocer los motivos por los cuáles, un determinado colectivo de espectadores y participantes la consideran demasiado larga y pesada. ¿Es una realidad la incapacidad de soportar algo menos de tres horas de desfile procesional? Cabe analizar, uno por uno, los distintos factores desmotivadores. Lentitud y largos parones, cansancio de los portantes, inapetencia, falta de ilusión o espíritu de sacrificio, entusiasmo decadente, aburrimiento, escaso aliciente, monótona variedad musical, cómoda televisión, desinterés ciudadano, horario inadecuado, excesivas procesiones previas, etc. Primero ver y procurar curar la herida antes de seccionar (recortar) la extremidad dañada. Quizás convendría realizar un ejercicio de imaginación para “enganchar”, de nuevo, a los asistentes entorno a nuestra más emblemática procesión. La inexistencia de consenso y unas alternativas un tanto complicadas, merece de un más largo y meditado artículo.  Tiempo habrá para ello.

Siguiendo con el repaso de aspectos a reconsiderar de cara al futuro tenemos el papel de las instituciones oficiales. ¿Es satisfactorio? Determinados detalles apuntan a la existencia de una cierta prevención a implicarse plenamente en la Semana Santa dando facilidades, apoyos, ayudas y promoción sin reservas. Hay dudas respecto a que el distanciamiento puede provenir de motivos ideológicos o políticos. Pero resultan inexplicables si observamos como en otros lugares donde figuran corporaciones de carácter más radical, se prodigan con entusiasmo y sin reparos, aunque se trate de un acontecimiento privado de origen religioso. No se pueden obviar sus raíces históricas, tradicionales, culturales, efectos económicos, turísticos y el buen nombre de Tarragona. Por lo tanto, no se la puede relegar a un nivel secundario. No se trata de la clásica fiesta surgida al aire de una determinada moda circunstancial o coyuntural.

Otro aspecto a tener en cuenta, es la gran transversalidad social puesta de manifiesto en la intervención de todo tipo de personas desde abuel@s a niet@s, hombres y mujeres, del centro o del barrio más extremo, a nadie se le pide carnet de pertenencia alguna, solo sentimiento, generosidad y gratuidad personal.

Esta nueva etapa también podría servir para que la ASST se examinase a sí misma. ¿Realiza lo imprescindible o puede hacer algo más? ¿Cumple su objetivo? En su conexión con las diferentes instituciones civiles y eclesiásticas de la ciudad. En ahondar en la coordinación de las doce cofradías integrantes. En divulgar y promover los valores de nuestra Semana Santa externamente e internamente. En procurar prolongar el recorrido temporal de los habituales tres o cuatro meses de actividad del mundo cofrade tarraconense suscitando actividades religiosas, sociales, expositivas, lúdicas en el transcurso del resto de año. En fomentar las visitas de colectivos escolares, jubilados, amas de casa, organizaciones culturales, entrando en los circuitos turísticos para dar a conocer nuestro patrimonio artístico (pasos). En definitiva, aglutinar el común objetivo de remar todos en la misma dirección para mejorar nuestra Semana Santa.    

Finalmente queda el tema de situar y poner en valor nuestra Semana Santa.  Es cosa de todos. Evidentemente, no alcanza el alto nivel de las más conocidas y emblemáticas. Pero tampoco debemos olvidar o menospreciar sus atractivas peculiaridades, sus interesantes y variadas propuestas artísticas, culturales, religiosas y de un decorado urbanístico priveligiado. Por un lado conservando lo bueno, original y distintivo de la misma. Por otro, impulsando aquellas innovaciones que sean precisas para darle empuje y actualidad. Quizás nos falta un poco de convencimiento para saberla vender tanto internamente, como externamente. Sin situarnos en el extremo de la retórica frase, “la mejor Semana Santa de Catalunya”. Ni quedarnos en la conformidad del argumento de “haber tocado techo”. Ni un extremo, ni otro. Con esta nueva etapa, las Instituciones, Agrupación y cofradías tienen un importante reto.    

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